El éxito en la adaptación de lentes de contacto (LC) depende, en gran medida, de la salud y estabilidad de la superficie ocular. Esta idea, aunque fundamental, continúa siendo subestimada en la práctica clínica cotidiana. En una conversación reciente en el programa IACLE de Franja Visual, entre Jairo Madriz, Opt. y Héctor Velázquez, OD —especialista en contactología y docente con amplia experiencia en adaptaciones de alta complejidad— destacó que ningún lente funciona adecuadamente si la superficie ocular no está preparada para recibirlo. La metáfora es clara: no se construye una casa sin antes asegurarse de la calidad del terreno.
La superficie ocular: una unidad funcional interdependiente
Velázquez recordó la definición anatómica respaldada por la literatura: la superficie ocular comprende la córnea y el limbo, la conjuntiva bulbar y tarsal, los párpados y las pestañas, la película lagrimal, las glándulas lagrimales principales y accesorias, así como las glándulas de Meibomio. Aunque variadas, estas estructuras funcionan como un único sistema integrado, cuyo equilibrio determina tanto la comodidad como la seguridad del uso de LC.
Este enfoque integral es clave: un fallo en cualquiera de estos componentes puede comprometer la estabilidad del sistema completo.
La película lagrimal: eje central de la adaptación
Durante la conversación, Velázquez insistió en que “la lágrima es el fundamento de la homeostasis ocular”. Su estabilidad define la calidad del fluorograma, la precisión de una topografía y la tolerancia final del LC.
Recordó que existen tres tipos de lágrimas —basales, reflejas y de ojo cerrado—, cada una con una función específica. Para la práctica optométrica, la distinción entre lágrima basal y lágrima refleja resulta crítica. La primera refleja el estado fisiológico del paciente; la segunda aparece como respuesta a irritantes, incluyendo la colocación inicial del lente. Por ello, es indispensable esperar unos minutos antes de evaluar el ajuste, especialmente en lentes rígidos o esclerales, para evitar patrones artefactuales.
El especialista subrayó que una lágrima inestable es capaz de alterar medidas corneales clave. En palabras simples, sin película lagrimal funcional, no hay dato confiable.
De “síndrome” a “enfermedad”: un cambio conceptual necesario
Velázquez enfatizó un punto actualizado por el TFOS DEWS III: el término adecuado ya no es “síndrome de ojo seco”, sino enfermedad de ojo seco. Esta precisión no es semántica, sino conceptual. La enfermedad de ojo seco se reconoce hoy como una condición multifactorial caracterizada por la pérdida de la homeostasis de la película lagrimal, con inestabilidad, hiperosmolaridad, inflamación, daño epitelial y alteraciones neurosensoriales como factores etiológicos.
El especialista enfatizó que el personal de primer nivel debe identificar no solo el diagnóstico, sino también la causa subyacente: medicamentos, enfermedades sistémicas, alteraciones hormonales o disfunción de glándulas de Meibomio, entre otros.
Superficie ocular alterada: cuando el LC deja de ser opción inmediata
La conversación presentó varios casos clínicos que muestran cómo una superficie ocular comprometida puede retroalimentar un ciclo de inflamación y síntomas, especialmente cuando el paciente no suspende el uso del lente a tiempo.
Uno de los casos ilustró pérdida de homeostasis severa, tinciones extensas y disminución marcada de la producción lagrimal basal. Según Velázquez, en escenarios así, los lubricantes no son suficientes y puede ser necesario recurrir temporalmente a un lente terapéutico o un dispositivo escleral para proteger la córnea mientras se estabiliza la superficie.
En otro caso, una usuaria de lentes blandos desarrolló neovascularización significativa y tinción conjuntival. A pesar de indicarse la suspensión del lente, la paciente continuó utilizándolo, lo que retrasó la recuperación. Tras manejo farmacológico con esteroides y ácido hialurónico, la mejora fue evidente, pero no completa debido al uso continuo del dispositivo.
Estos ejemplos refuerzan el mensaje central: sin control de la superficie ocular, incluso un lente sencillo puede desencadenar complicaciones mayores.
Demodex: un enemigo frecuente y poco valorado
La entrevista dedicó un segmento al Demodex folliculorum y al Demodex brevis, cuya presencia puede pasar desapercibida y comprometer tanto la superficie ocular como la comodidad del lente de contacto. Velázquez resaltó que la ausencia de collaretes no descarta infestación y recomendó evaluar pestañas en pacientes con blefaritis crónica, escosor matutino o adaptaciones problemáticas.
La evidencia visual obtenida mediante microscopía, dijo, no solo confirma el diagnóstico, sino que favorece la adherencia del paciente al tratamiento al mostrarle literalmente el origen del problema.
Buenas prácticas para una adaptación segura y estable
El especialista compartió lineamientos que, desde su experiencia clínica, deberían formar parte del protocolo básico para cualquier adaptación:
1. Uso obligatorio de lámpara de hendidura.
Permite evaluar menisco lagrimal, tinciones vitales, integridad de conjuntiva y córnea, párpados, pestañas y glándulas de Meibomio.
2. Evaluación sistemática de la película lagrimal.
Incluye valoración cualitativa, pruebas vitales y control del tiempo hasta recuperar la lágrima basal durante la adaptación.
3. Controles periódicos definidos.
Velázquez recomienda revisiones iniciales al día de entrega, a los 7 días, al mes, a los 3 meses y, posteriormente, cada seis meses.
4. Uso responsable del lente.
Incluye descanso mínimo de ocho horas diarias, suspensión inmediata ante signos de alarma y obligatoriedad de gafas de respaldo.
5. Educación del paciente.
Una adaptación exitosa es una alianza: el profesional provee el conocimiento; el paciente, el autocuidado.
Conclusión
La conversación con el Dr. Héctor Velázquez deja claro que la adaptación de lentes de contacto no es un acto aislado, sino un proceso clínico sustentado en la estabilidad de la superficie ocular. El control riguroso de la película lagrimal, la identificación de factores etiológicos, la valoración de párpados y pestañas, y la educación del paciente son pilares que determinan el éxito a largo plazo.
Como enfatizó el especialista, cada lente de contacto es un cuerpo extraño que debe convivir con un ecosistema frágil y dinámico. Mantener ese ecosistema en equilibrio es responsabilidad compartida y constituye el verdadero fundamento de una contactología segura, moderna y basada en evidencia.
