En las ópticas y consultas especializadas, la tecnología dejó de ser un argumento accesorio para convertirse en un elemento central de la experiencia del paciente, sin embargo, a medida que proliferan equipos más precisos, plataformas digitales más robustas y materiales ópticos con diseños cada vez más sofisticados, surge un reto evidente: ¿cómo explicar estos avances sin caer en un lenguaje que recuerde a un catálogo, a una ficha técnica o a un discurso comercial?
La respuesta, aunque parece sencilla, exige una combinación de claridad clínica, narrativa periodística y sensibilidad hacia las expectativas del paciente. Hoy, el profesional de la salud visual necesita traducir conceptos complejos a un lenguaje comprensible, sin perder el rigor científico que sustenta cada recomendación.
Del dato técnico al beneficio real: cuando la tecnología cobra sentido en la vida diaria
El primer desafío consiste en desplazar el foco del dispositivo hacia el propósito clínico. Esto implica explicar qué resuelve la tecnología, no cómo está construida. La narrativa cambia por completo cuando un término técnico se convierte en una experiencia comprensible.
Por ejemplo, en lugar de decir: “Este topógrafo tiene 22.000 puntos de elevación y un software avanzado de reconstrucción digital.”
el profesional puede optar por una explicación funcional:
“Con este equipo puedo ver la forma de tu córnea tan claramente como si la observara en 3D. Gracias a eso, el lente de contacto queda mejor ajustado y evita molestias”.
O cuando se usa un tomógrafo de coherencia óptica, en vez de detallar especificaciones, basta con situarlo en un contexto cotidiano: “Esta imagen funciona como una fotografía muy detallada de las capas internas del ojo. Me permite detectar cambios incluso antes de que notes síntomas”.
De esta manera, el lenguaje pasa de lo mecánico a lo significativo, percibiéndose la tecnología como una herramienta que mejora decisiones clínicas, no como un aparato complejo del que el paciente está excluido.
Contextualizar para conectar: explicar por qué la tecnología importa ahora
A menudo, el paciente entiende lo que hace un equipo, pero no por qué es importante en ese momento de su vida visual. Por ello, la contextualización se convierte en un recurso narrativo y pedagógico fundamental.
En términos prácticos, esto se traduce en explicaciones como: “Vamos a usar esta cámara porque pasas muchas horas frente a pantallas y quiero revisar si hay signos tempranos de sequedad ocular”; o bien: “Con esta medición puedo saber si la presión de tus ojos está dentro de un rango seguro; es clave para prevenir enfermedades silenciosas como el glaucoma”.
Este tipo de mensajes no detallan marcas, algoritmos ni patentes. En cambio, llevan la tecnología al terreno del paciente, conectando su estilo de vida, su riesgo o su consulta actual con la decisión clínica, creando una línea directa entre el hallazgo potencial y la utilidad de la prueba.
De la explicación técnica a la experiencia compartida: describir el proceso sin tecnicismos
Otra estrategia efectiva consiste en acompañar al paciente durante el proceso, integrando la tecnología en una narrativa paso a paso. Esta guía compartida disminuye la ansiedad, mejora la comprensión y refuerza la percepción de cuidado.
Por ejemplo, durante una captura retiniana con cámara no midriática, una comunicación cotidiana sería: “Te voy a tomar una fotografía interna del ojo. Es rápida, no duele y me ayuda a revisar vasos sanguíneos y tejido sensible que no podemos ver solo con la luz”.
O, al usar un tonómetro digital portátil: “Vas a sentir un pequeño toque; dura menos de un segundo. Esta medición es importante porque permite detectar problemas que aparecen sin síntomas”.
La clave aquí es convertir la tecnología en un proceso transparente, donde el paciente sabe qué ocurre, qué se evalúa y qué implica el resultado, sin necesidad de conocer el nombre del fabricante o la complejidad del equipo.
Rigor sin frialdad: el equilibrio entre precisión, empatía y claridad
En un escenario donde los pacientes llegan informados -y, a veces, sobreinformados-, el profesional se convierte en un filtro confiable. La comunicación debe ser rigurosa, pero también cercana. Un ejemplo típico ocurre cuando un paciente pregunta por un “lente digital” o un “filtro azul” que vio en redes sociales.
Una respuesta equilibrada podría ser: “Entiendo por qué te llamó la atención. Este tipo de lentes está diseñado para que tus ojos se cansen menos durante el día. Lo que haremos es evaluar si tu caso realmente se beneficia de esa tecnología”.
Este tipo de explicaciones evita la venta directa, contextualiza la evidencia y sitúa la recomendación en la consulta, no en la publicidad. Además, preserva la autoridad profesional sin descartar la inquietud del paciente.
La tecnología como puente, no como barrera
Explicar tecnología no consiste en repetir especificaciones ni destacar atributos comerciales, sino en convertir cada herramienta en una extensión de la labor clínica. La narrativa centrada en beneficios, contexto y experiencia humana permite que el paciente comprenda qué se hace, por qué se hace y cómo aporta a su salud visual.
Cuando la tecnología se comunica desde la utilidad y no desde el catálogo, se transforma en un puente entre el conocimiento del profesional y la tranquilidad del paciente. Y esa, en última instancia, es la comunicación que fortalece la confianza, mejora la adherencia y eleva la calidad de la atención.
Autora: Lina María Hurtado
Referencias
Achong-Coan, R., & Coan, M. (Junio de 2019). TACTICS FOR EFFECTIVE COMMUNICATION WITH PATIENTS. MODERN OPTOMETRY. Obtenido de MODERN OPTOMETRY: https://modernod.com/topics/business/tactics-for-effective-communicationwith-patients/37948/

