La Optometría colombiana perdió recientemente a uno de sus pioneros: el Dr. Edgar Kohn, miembro del primer grupo de egresados de la Universidad de La Salle y presidente de la Federación Colombiana de Optómetras (FEDOPTO) en la década de los setenta.
Formado en un entorno familiar ligado a la óptica —ya que su padre, optómetra formado en Jena, Alemania, emigró a Colombia huyendo de la Segunda Guerra Mundial—, Kohn se vinculó desde temprano a la disciplina. “Me siento orgulloso de pertenecer al primer grupo de graduados de la Universidad de La Salle”, recordaba, subrayando la responsabilidad que asumieron aquellos egresados de 1971 al consolidar la profesión.
Muy pronto pasó de estudiante a docente. En 1972, incluso antes de recibir su diploma, ya dictaba clases en clínica y lentes de contacto. Desde ese escenario académico y gremial fue testigo de las tensiones que marcaron los inicios. “Peleábamos con los oftalmólogos porque no querían que se aprobara la Optometría en Colombia, era una guerra fuerte, una guerra brava”, relataba al evocar los años en que la disciplina buscaba un lugar legítimo frente a médicos y ópticos empíricos.
Ese ambiente de tensiones no solo se vivía en el terreno académico o clínico, también se trasladaba al ámbito gremial, al tomarse como propia la lucha contra el ejercicio ilegal de la Optometría, por ejemplo.
Desde su paso por la presidencia de Fedopto (1975-1977), trabajó activamente para diferenciar al optómetra graduado de quienes ejercían sin formación universitaria, un fenómeno frecuente en aquella época. “La Federación se fundó en el 50 y vino a organizar y a expulsar a quienes no eran profesionales. Cuando fui presidente, la meta era combatir el ejercicio ilegal de la Optometría”, recordaba. Sin embargo, reconocía que el problema no era fácil de erradicar: “Íbamos y cerrábamos la óptica y a los ocho días estaba otra vez abierta. Así era sucesivamente”.
Esa defensa del ejercicio legítimo no se limitaba a la confrontación legal; también implicaba un esfuerzo por unir a un gremio que, como él mismo admitía, estaba fragmentado. “Quería que tuviéramos todos una calcomanía en nuestras vitrinas para identificarnos como optómetras federados”, explicaba, subrayando la necesidad de unidad y reconocimiento frente a la sociedad.
Gracias a esa gestión, se consolidó la expresión “optómetra graduado”, que distinguía a quienes habían pasado por la formación universitaria en un momento en el que abundaban prácticas empíricas y sin regulación.
En ese camino encontró un aliado decisivo en la clínica Barraquer. La apertura del Dr. José Ignacio Barraquer y del optómetra Hernando Henao permitió construir una sinergia que transformó la práctica. Según Kohn, fue entonces cuando “la Optometría se fue acercando más a la parte clínica para tratar a los pacientes”.
Su trayectoria también estuvo marcada por la relación con el Dr. Salomón Reinoso en el Instituto Colombiano de Cirugía Ocular, donde asumió la adaptación de lentes de contacto y fortaleció un modelo interdisciplinario pionero en el país. Con una agenda diaria que podía superar los 20 pacientes en la mañana y otros tantos en la tarde, Kohn no solo ejerció, sino que exploró tempranamente nuevas tecnologías. “¿Ese aparato qué es?”, le preguntaban colegas al ver el interferómetro láser que utilizaba, evidencia de su interés por la innovación en la práctica clínica.
Esa misma inquietud lo llevó a participar activamente en espacios de divulgación. En 1989, cuando Franja Visual apenas iniciaba su recorrido como revista, Kohn escribió en la segunda edición de ese primer año un artículo precisamente sobre el interferómetro láser, compartiendo su experiencia clínica a través de la escritura científica.

Más allá de su ejercicio profesional, Kohn insistió en temas técnicos que consideraba fundamentales y que aún hoy mantienen vigencia. Sobre la cirugía refractiva, por ejemplo, advertía: “no se olviden de tomar el tamaño de las imágenes que recibe cada ojo, si no se evalúa la aniseiconia, se presentan fenómenos de dolor de cabeza, diplopía o intolerancia a la corrección”.
Kohn fue, además, un referente para generaciones de estudiantes. Su exigencia en la docencia y su compromiso con la formación clínica marcaron a quienes lo tuvieron como maestro, ya que como él mismo reconocía, “ser parte de ese grupo inicial fue prácticamente fundar la Optometría”.
Hoy, su partida deja un vacío profundo, pero también un legado claro: la Optometría en Colombia es más clínica, más sólida y respetada gracias al camino que abrió. Recordarlo es reconocer a un profesional que defendió la identidad del optómetra graduado, que luchó contra el ejercicio ilegal y que apostó siempre por un ejercicio al servicio del paciente.
El Dr. Edgar Kohn será recordado como un constructor de la Optometría moderna en Colombia, un maestro exigente y un clínico apasionado que, con visión y carácter, ayudó a dar forma a la profesión que hoy se consolida con más fuerza.
Autora: Lina María Hurtado Escobar
