Este artículo se basa en una edición del programa Tallando Conceptos de Franja TV, en la que Camila Alvira, Horizons Optical, conversó con el ingeniero Julio Ginesta acerca del verdadero valor de los tratamientos antirreflejo (AR) en la industria óptica contemporánea. La discusión permitió profundizar en los fundamentos científicos de la tecnología AR y, simultáneamente, desmontar percepciones comerciales que suelen distorsionar su función real.
El antirreflejo: una tecnología óptica, no un efecto estético
El tratamiento antirreflejo es un proceso físico altamente controlado que se lleva a cabo en cámaras de alto vacío mediante la deposición de capas nanométricas sobre la superficie del lente. Su propósito fundamental es maximizar la transmisión luminosa y reducir la reflexión superficial, lo que deriva en:
- Estética más transparente para quien observa al usuario.
- Menor generación de imágenes fantasma.
- Disminución del deslumbramiento producido por reflexiones en la superficie del lente.
- Optimización del rendimiento visual.
Sin embargo, en el mercado persisten dos reduccionismos problemáticos:
- Asumir que el color residual —verde o azul— define la calidad.
- Creer que un mayor número de capas implica mayor protección o durabilidad.
Ambas ideas, ampliamente difundidas en el ámbito comercial, carecen de sustento físico.
La tecnología AR pertenece al campo de la óptica de película delgada y opera con precisiones que se miden en nanómetros. Su rendimiento depende de la interacción entre materiales de distinto índice de refracción, no del color visible ni del número absoluto de capas.
Desmitificando la “multicapa”: ingeniería, no mercadeo
La estructura del tratamiento AR se compone de una secuencia funcional, donde cada capa cumple un propósito preciso:
1. Sustrato: CR-39, policarbonato o alto índice.
2. Capa de laca: base mecánica; no es un verdadero “antirrayas”, aunque contribuye a la resistencia.
3. Capa de adherencia: habitualmente cromo; permite que los materiales posteriores se unan a nivel molecular.
4. Capas de alto y bajo índice: alternancia de materiales como dióxido de silicio (bajo índice) y circonio (alto índice). Esta arquitectura es la responsable de anular los reflejos por interferencia.
El argumento de que “más capas es mejor” se sostiene únicamente como estrategia comercial. En realidad, el aumento de capas responde a la necesidad de No implica mayor resistencia física, ni mayor durabilidad, ni mayor protección.
La afirmación del ingeniero Ginesta es contundente: “Que tenga más capas no quiere decir que protege más”.
La sublimación en alto vacío: el corazón del proceso AR
La fabricación del AR utiliza un proceso de sublimación física por haz de electrones, en el que materiales sólidos se vaporizan directamente sin pasar por estado líquido.
Dentro de la cámara de vacío:
· Un haz electrónico controlado por electromagnetos impacta el material sólido;
· este se sublima y forma una nube de partículas gaseosas;
· la nube se deposita sobre lentes que rotan de manera calibrada;
· se generan capas con espesores que deben coincidir exactamente con el diseño óptico.
Pequeñas desviaciones de unos pocos nanómetros pueden alterar el rendimiento completo:
· Manchas plateadas,
· desprendimientos,
· fallos prematuros del recubrimiento,
· color residual no deseado,
· pérdida de adherencia.
Cada máquina tiene una “huella digital”: sus recetas no son universalmente transferibles. Por ello, la fabricación de antirreflejo es una disciplina de alta ingeniería, no un proceso replicable sin ajuste fino.
Índice de refracción: el fundamento físico que lo explica todo
El índice de refracción determina cuánto se desacelera la luz al ingresar a un material. Cuando dos materiales con índices distintos se encuentran, se produce reflexión en la interfaz.
Por eso:
· Los lentes de alto índice reflejan más.
· Los lentes 1.74 son prácticamente “espejos” si no llevan AR.
· La alternancia de capas de diferentes índices es la única vía para reducir la reflexión.
·
La interferencia destructiva —crestas que coinciden con valles— es la clave física para anular reflejos y aumentar la transparencia.
Los materiales más utilizados son:
· SiO₂ (bajo índice): ~1.47
· ZrO₂ (alto índice): 2.23–2.28
La calidad del AR depende de la precisión con que se diseñan y depositan estas capas, no de su cantidad ni de su color.
Color residual: resultado óptico controlado, no indicador de calidad
El color residual es simplemente la fracción del espectro que no ha sido completamente anulada. Para modificarlo, se ajusta el grosor de las capas de alto y bajo índice.
Reglas técnicas:
· Residual verde: más grosor en las capas de bajo índice o menos en las de alto índice.
· Residual azul: menos grosor en bajo índice y más en alto índice.
El verde es más fácil de producir porque la franja verde del espectro es más amplia y tolerante a errores.
Lo crucial:
El color residual no indica calidad, no indica acromatismo y no indica protección.
Es únicamente un descriptor óptico de interferencia parcial.
Rendimiento real: la medición objetiva del antirreflejo
El espectrofotómetro es la herramienta que determina si un AR es de alta calidad, mediocre o puramente estético.
Valores de referencia:
· Sin AR: ~4.3% de reflexión en todo el espectro.
· AR avanzado: <1% en la mayor parte del espectro.
· Tratamientos “azules” comerciales: picos de 6–8% en la franja azul.
Un lente que refleja 6 % no puede considerarse antirreflejo, aunque su estética sea atractiva. En muchos casos, estos recubrimientos generan fuertes imágenes fantasma en la cara interna, degradando la experiencia visual.
Los AR acromáticos (<1% uniforme en todo el espectro) representan la cúspide tecnológica, pero requieren procesos de fabricación más complejos y precisos.
Antirreflejo y luz azul: conceptos que no deben confundirse
La conversación en Tallando Conceptos subrayó un punto esencial:
un AR con color azul no es un lente de protección contra luz azul.
El AR puede reflejar hasta ~30% de la luz azul incidente, pero nunca alcanzará bloqueos altos sin destruir la neutralidad cromática del lente. Para bloqueos superiores se requiere absorción en masa, mediante monómeros especializados.
Conclusión
La tecnología AR es una convergencia entre física, ingeniería de materiales y control de procesos. Su valor real se mide por la capacidad de optimizar la transmisión luminosa, mantener niveles de reflexión por debajo del 1 %, garantizar una adherencia estable y ofrecer una durabilidad determinada por la precisión del proceso, así como un confort visual verificable en el uso cotidiano.
Avanzar en la industria óptica implica educar desde la evidencia, aclarar al consumidor lo que un AR realmente hace —y lo que no puede hacer—, y apostar por la precisión científica como argumento central de calidad.
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